Hay momentos en los que la vida, o más bien el amor, nos coloca en una encrucijada tan ridícula que solo puede ser entendida por nuestras amistades más cercanas. ¿Os acordáis de cuando Monica empieza a salir con Alan, un tío aparentemente perfecto, y se niega en rotundo a presentárselo al grupo? Todos hemos estado ahí. Esa mezcla de miedo irracional y protección excesiva hacia una nueva relación, sabiendo que tus amigos, con su honestidad brutal y sus ocurrencias, pueden destrozar la burbuja de cristal en la que vives. El capítulo 3 de la temporada 1, titulado «El monólogo de la pauta», es una clase magistral sobre las complejidades del apoyo, la empatía y, sobre todo, sobre cómo a veces el amor y la amistad chocan de frente.
El laboratorio de coqueteo de Central Perk
Lo que más me gusta de revisar la serie con otros ojos, esa mirada de «filósofo de sofá», es darme cuenta de dinámicas que antes pasaban desapercibidas. Veamos que nos depara hoy: no me había dado cuenta de lo productivo que puede ser tener un grupo diverso de amigos, con hombres y mujeres que te ofrecen perspectivas radicalmente distintas sobre un mismo tema. Por lo general, nosotras las mujeres siempre andamos pensando en la mortalidad del cangrejo, dándole mil vueltas a cada gesto, cada palabra, cada «like». Analizamos el coqueteo como si fuera un texto de filosofía existencialista.
Y entonces llegan ellos, Chandler y Joey, y te dan la versión simple, directa y, a veces, terrenal. En este capítulo, vemos a Chandler dando consejos a Rachel sobre cómo ligar con su compañero de trabajo, basándose en su «experiencia» (muy suya, por cierto). Esta visión masculina, desprovista de segundas lecturas, es un soplo de aire fresco, sobre todo cuando sabemos que ellos no lo harían con maldad. Porque ojo, también hay que tener cuidado con los comentarios mal intencionados, pero en el caso de esta panda, la intención siempre es protegerse y apoyarse. Esa es la magia de una amistad real.

El apoyo incondicional (y sus límites)
Hablando de apoyos, me encanta demasiado la amistad de Joey y Chandler. Siempre ha sido mi favorita. Ver cómo Chandler constantemente apoya a Joey en su carrera de actor, incluso cuando nadie entiende sus papeles o cuando, como ahora mismo, Joey cree que lo es el mejor actor del mundo, es conmovedor. Esa fe ciega que el uno deposita en el otro es el pegamento de cualquier relación duradera. No se ríen de sus sueños, se ríen con ellos, que es muy distinto.
Y es el mismo apoyo que le dan a Rachel en su desastre de intento de ser camarera. La escena en la que intenta tomar nota y sirve los cafés es un caos, pero ninguno se ríe de ella con crueldad. La acogen en su desastre, porque todos han pasado por esa fase de no saber qué hacer con sus vidas. No me había dado cuenta del nivel de empatía que tenía esta gente. Son un refugio contra el fracaso, una red que te sostiene incluso cuando tropiezas con la bandeja de los cafés.
Pero luego, y esto es crucial, vemos cómo ese apoyo también puede tener un lado malo. Monica, por ejemplo, no quiere presentarle a sus amigos su nuevo pretendiente, Alan. ¿Les suena familiar? Yo creo que todos hemos estado ahí. Queremos proteger ese capullo de relación recién estrenada de la mirada escrutadora y, a veces, demoledora de nuestro círculo íntimo. Monica teme que sus amigos, con sus excentricidades y su necesidad de «dar su opinión», lo espanten. Es un acto de amor hacia Alan, pero también un acto de desconfianza hacia sus amigos. Tememos que no entiendan, que juzguen, que con su personalidad arrolladora (como la de Phoebe o la de Ross) ahoguen lo que aún es un susurro.
La ley del boomerang cósmico
Y en medio de este torbellino emocional, escucha, no nos olvidemos de la lección que nos da Phoebe. Su subtrama del banco es una maravilla. Le ingresan 500 dólares por error en su cuenta, ella devuelve el dinero y, como recompensa, le regalan un teléfono celular (un ladrillo ochentero maravilloso) y un software de cocina. Es la ley del boomerang cósmico en acción. Nos recuerda que actuar con buena fe te es recompensado, quizás no de la manera que esperas, pero el universo (o una compañía de telecomunicaciones con políticas de devolución) acaba ajustando las cuentas. Venga, a poner esto en práctica en nuestro día a día, aunque sea devolviendo el carrito del supermercado a su sitio. Pequeños gestos, grandes recompensas.
Pero volvamos a Monica. Finalmente, presionada por la culpa, presenta a Alan. Y entonces ocurre lo inesperado: sus amigos le adoran. Y no solo le adoran, sino que cambian su comportamiento para estar a su altura. Ross deja de ser un quejica, Phoebe modera sus rarezas y Chandler abandona el sarcasmo. Es un giro brillante. Monica se da cuenta de que no era Alan quien no encajaba, sino que quizás eran sus amigos quienes necesitaban «portarse bien». Pero el tiro le salió por la culata a Monica: lo presentó y resultó que ellos estaban encantados, pero ella, en la soledad de su habitación, se dio cuenta de que Alan no era para ella. Que la chispa no estaba ahí.
Y quienes salen lastimados de esta ecuación son sus amigos, que han perdido a un nuevo compañero de póker, y Alan, que nunca llegó a soportarlos de verdad. Porque al final, Alan tampoco los soportaba. Les sonreía, pero por dentro los odiaba.
Así es la vida. Nos empeñamos en proteger a los demás de nuestros amigos, o a nuestros amigos de los demás, y al final, la naturaleza sigue su curso. Las conexiones se deshacen por donde deben deshacerse. Lo importante no es que todo el mundo encaje, sino tener la certeza de que tu tribu, esa que te acepta en tu peor día de camarera o en tu mejor monólogo de actor frustrado, va a estar ahí. Ya sea para celebrar un nuevo amor, para llorar su pérdida o para darte una perspectiva masculina sobre por qué ese chico te ha mirado dos veces.

Y hablando de tribus y nuevas formas de conectar, ¿no os parece que hoy en día las dinámicas de grupo han cambiado? A veces veo streams en Twitch y me recuerdan a esos momentos en Central Perk: un grupo de personas comentando la jugada, apoyándose y creando comunidad en tiempo real. Es fascinante ver cómo ha evolucionado esa necesidad humana de tener un «sofá» donde sentarnos a filosofar sobre la vida, el amor y la mortalidad del cangrejo.
¿A ti qué te parece? ¿Has tenido alguna vez una experiencia como la de Mónica, en la que tus amigos y tu pareja no terminan de encajar? ¡Te leo en los comentarios! Y si te ha gustado esta reflexión, compártela con ese amigo o amiga que siempre tiene un consejo (a veces no pedido) para tus líos amorosos. Por cierto, hablando de buscar nuevas perspectivas, estos días he estado viendo las últimas novedades en la comunidad de One Piece y es increíble cómo una historia de piratas también puede enseñarte sobre lealtad y trabajo en equipo. Pero eso, queridos friki friends, será parte de otra conversación.


Deja un comentario